miércoles, 29 de febrero de 2012

Restaurante Mar de Pedregalejo

Restaurante Mar de Pedregalejo
Paseo Marítimo de Pedregalejo, 42
http://www.restaurantemardepedregalejo.com/
951 303 009
Málaga

En primera línea de playa, con parking gratuito, un servicio fabuloso y tremendamente educado, una decoración estupenda, magnífico mobiliario, una terraza amplia en la que tu brazo no se da codazos con los vecinos de la mesa de enfrente... Vamos, que no es para nada un chiringuito de los que estamos acostumbrados a visitar en Pedregalejo. Y no tenemos nada en contra de los chiringuitos, ¡al contrario! No hay nada como un buen espeto con un tinto de verano o unos boquerones y una cervecita a pie de playa. Pero sí que estamos en contra de ese tipo de establecimientos que te "refríen" el pescado y te tratan como si te estuvieran haciendo un favor. Aquí los precios están algo por encima de la media, pero claro si a lo anterior añadimos una estupenda calidad en el producto, pues es difícil que te cobren lo mismo que en el chiringuito que te tira los platos más que servírtelos, te pone el mantel de papel y te sienta en sillas de plástico.

Antes de tomar nuestra raciones, empezamos con un riquísimo Caldito de Pintarroja, detalle de la casa. Luego comenzó el desfile: Espeto de Sardinas (6,00€), Adobo (9,00€), Mejillones al Vapor (8,00€) y lo que hizo nuestras delicias: Boquerones al Limón (10,00€), un bocado de lo más agradable, con intenso sabor a mar. No nos hubiera importado nada tomar otra ración. Tinto de verano (2,50€) y algunas Cañitas (1,80€) fueron los acompañantes perfectos de nuestros platos. Para terminar nos invitaron a Patxarán y Licor de Hierbas. Un bonito detalle lo de dejar las botellas encima de la mesa para que nos sirviéramos. 

Nos cobraron 1,00€ por el cubierto, algo que solemos criticar, pero en esta ocasión no nos pareció mal porque el servicio incluía el pan, el caldito, los licores y unos camareros de lo más educados. En la mesa de al lado había una señora bastante enfadada porque había cebolla en su arroz y con muy malos modos le echó una bronca monumental al camarero, que aguantó estoicamente y con mucha mano izquierda el chaparrón. A nosotros nos tuvieron atendidos en todo momento y se interesaban por saber si todo estaba bien, si necesitábamos algo, pero sin agobiar. En fin, que si no os importa pagar algo más por el buen servicio y la calidad, este es vuestro sitio; pero no olvidéis reservar, la terraza suele estar llena.







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